martes, 26 de septiembre de 2017

Se sienta conmigo y me mira fijamente. Es increíble como me incomoda su presencia. Dejo pasar un rato hasta que comenzamos a hablar. De arte, del amor, de la vida, la familia, tantas cosas que empiezo a a sentirme cómoda. Sus palabras a veces, son tan hirientes que me estrujan el alma y otras veces me reconfortan el corazón. Largas horas de mate, cigarro de por medio, acompaña mis llantos nocturnos y mis sonrisas de la mañana. No quiero tenerte a mi lado por siempre, pero te has hecho tan cotidiana que quizás nunca pueda soltarte.
Mientras la vida decide que pasara con nosotras, sigo acompañándome de esta tan incomprendida soledad.

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